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Curiosidades de  Firma Valle

caricaturabisRamón del Valle-Inclán, ya desde muy joven, apuntó su inclinación a llevar la contraria al interlocutor y a polemizar hasta causar escándalo, incluso en cuestiones extraordinariamente sensibles, de las que podrían derivarse graves consecuencias.
Durante la Guerra de Cuba se manifestó favorable a los independentistas que luchaban contra las tropas españolas, algo extraordinariamente inusual en el cargado ambiente patriótico español.
Es posible que esa actitud estuviera fundada en el afecto que Ramón del Valle- Inclán adquirió hacia los cubanos durante los meses que estuvo en la isla en 1893.
En 1899 mantuvo con su amigo y contertulio, el periodista Manuel Bueno, una tremenda discusión que acabó en una pelea a bastonazos. A resultas de un golpe hubo que amputársele el brazo. Se ha contado que durante la operación demostró una extraordinaria presencia de ánimo, sólo se desmayó una vez, y, durante la fase final de la operación, llegó a pedir un cigarro puro, con el que hizo ascender grandes volutas de humo hasta el techo. ¿Fue una exageración más de las que se han repetido acerca de él? Lo que si es seguro es que al cabo de algún tiempo, al volverse a encontrar con Manuel Bueno, le estrechó la mano, dando por superado el enfrentamiento.

0dibujosurrealistasobre ValleEn contra de lo que se suele pensar, Valle no se pareció a los personajes de su obra Luces de bohemia ya que no llevó una vida miserable ni fue un borracho. Antonio Machado escribe:
"Nunca fue Don Ramón, ni aún en los tiempos de mayor penuria, un bohemio a la manera desgarrada, maloliente y alcohólica de su tiempo".

A lo largo de su vida demostró una extraordinaria habilidad para vivir del presupuesto del Estado sin llegar a trabajar; así pudo dedicarse plenamente a una literatura que, por si sola, le impedía subsistir.
Recordemos que Valle - Inclán fue un hombre muy popular, pero en su momento no tuvieron aceptación ni sus libros ni sus obras de teatro.
"Yo, hasta ahora, jamás he ganado cosa alguna con mis libros. De los primeros he vendido hasta cinco o seis ejemplares; de los últimos vendo alguno más, pero nunca lo bastante para costear las ediciones". (1904).
Desde joven, en 1895, consiguió un cargo de funcionario en la Dirección General de Instrucción Pública. Además, en 1916 fue nombrado catedrático de Estética de las Bellas Artes en Madrid; una ocupación a la que tampoco acudía - en aquel momento residía en Galicia- pero que continuó cobrando.
Esas prebendas explican que pudiera mantener a su mujer y a sus cinco hijos sin moverse de su casa.
(Josefina había actuado y compartido escenarios con las actrices más importantes de la época, llegando a trabajar para la compañía de más renombre del momento, la de María Guerrero. Su retirada se produjo quizá por una mezcla entre el desencanto hacia la profesión debido a que por sus características físicas sólo la ofrecían interpretar papeles de "ingenua" y el convencimiento de que era más importante atender a su marido y a sus hijos tanto a nivel familiar como a nivel profesional, ya que ejercía de correctora de tjosefina-blanco-colombina-Josefina como Colombina. ”Comedias y Comediantes”, Febrero de 1912.odo lo que su marido escribía.
"La carrera de Josefina Blanco que estaba a punto de convertirse en una gran dama de la escena española y cuya fama había subido como la espuma durante años, pródiga en alabanzas de la crítica, se truncó tras matrimoniar con el ex-mozo modernista". ( Javier del Valle-Inclán Alsina). 

Pero cuando los nombramientos fueron más importantes y no había más remedio que acudir al puesto de trabajo, Don Ramón tuvo problemas. Del puesto de conservador del Patrimonio Artístico Nacional y director del Museo de Aranjuez y de la presidencia del Ateneo de Madrid debió de dimitir a los pocos meses.

 

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Entre los siglos XIX y XX la edición de libros era un proceso muy complejo que requería de la máxima atención del escritor y el editor para evitar los múltiples contratiempos. A lo largo de toda su vida, Ramón del Valle-Inclan fue el propio editor de sus obras, un asunto al que dedicó una gran atención. Intervino en el diseño de la portada y la contraportada de sus libros, así como en las letras capitulares y las ilustraciones. También se ocupó de encargar la calidad del papel, del ilustrador, del trato con el impresor, hasta de la negociación con el distribuidor o editorial, a los que vendía los ejemplares para que ellos los comercializaran entre el público. Otros autores que prestaron gran atención a los aspectos editoriales fueron Azorín, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez.

Caricatura 3Ramón del Valle- Inclán tuvo durante toda su vida fuertes opiniones acerca de casi todo, que defendía con gran ingenio y vehemencia en las tertulias de café y en múltiples reuniones. En el aspecto político, su vida estuvo repleta de contradicciones, producto de su personalidad apasionada y polémica. Hasta la ancianidad fue decidido partidario de la dinastía carlista y de su ideario fuerista, siendo candidato a diputado en 1910. Esta ideología no le impidió solicitar al rey "ilegítimo" - Alfonso XIII - la rehabilitación de varios títulos a los que creía ser acreedor (que le fueron denegados).
Todavía en las filas carlistas, entre 1924 y 1929 desarrolló una fuerte contestación pública a la Dictadura de Primo de Rivera, llegando a pasar cuatro días en la cárcel.
Para 1931, ya había abandonado formalmente a los carlistas, presentándose a las elecciones por la Coalición Republicana, dentro de las filas del Partido Radical; no resultando elegido.
En una más de sus contradicciones, aquel mismo año aceptó la máxima condecoración carlista , la Orden de la legitimidad proscrita, enviada por el Pretendiente, Don Jaime de Borbón (posiblemente, en un intento de que regresara a su partido).

Su oposición a la Dictadura de Primo de Rivera en España no le impidió convertirse en admirador de dictaduras mucho más opresivas en otros países. Así en 1933 compatibilizó el ser uno de los fundadores de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, con su admiración hacia la Dictadura fascista italiana, que conoció en directo durante dos años (mientras fue Director de la Academia de España en Roma):
"En toda la política de Mussolini impera el sentido de la universalidad. Si pudiera llegar a haber unos estados europeos o cuando menos unos Estados Unidos de Europa, no podría haber otra capital que Roma".
En resumen, siempre huyó de las medias tintas, atrayéndole los partidos con opiniones contundentes y estéticas inusuales, los que de alguna manera eran tan atípicos como él.

Otras entrevistas y cartas olvidadas

(Joaquín del Valle-Inclán Alsina)

El conjunto de materiales es diverso pero pensamos que ilumina la figura de don Ramón, tanto desde el aspecto familiar -la entrevista a su hijo Carlos- como sus intentos de llevar a los escenarios su producción teatral.

En tres de las entrevistas aquí recogidas Valle-Inclán muestra las grandes líneas de sus ideas políticas que, a pesar del tiempo transcurrido -dos declaraciones en 1910 y unas palabras en 1933- no ha modificado sustancialmente: "alma luchadora de la raza", "pueblo", "sentido espiritual", "destino histórico"... pero como, de costumbre, no hay una sola alusión a términos como "partidos políticos", "parlamento" o "elecciones".

Admira el carácter individual del conductor de masas, del hombre providencial que encarna los "valores de la raza" y emprende la misión histórica; de ahí que en 1910, carlista convencido, alabe la obra del dictador mejicano Porfirio Díaz y en 1933, pretendidamente republicano, la política de Mussolini.

El caso Argamasilla precisa alguna explicación. El hijo de Joaquin Argamasilla de la Cerda -prohombre carlista muy amigo de don Ramón- del mismo nombre que su progenitor, poseía la facultad de ver a través de los cuerpos opacos. Puede sonar extraño hoy en día, pero en su época tuvo gran resonancia e incluso el mago Houdini se ocupó de él.
En abril de 1923, se formó en España una comisión presidida por Ramón y Cajal y formada por el profesor Blas Cabrera, físico; el doctor Juan Negrín, fisiólogo; el doctor Máquez, oculista; el doctor Tello, histólogo; el doctor Luis Calandre, cardiólogo y el doctor Lafora en calidad de psiquiatra para estudiar su caso, pero Argamasilla no se presentó.
Hubo una pequeña polémica en la prensa en 1924 pero el gran debate, amenazas de duelo incluidas, se produjo en 1926 cuando el doctor Lafora publicó una serie de artículos titulados "El caso Argamasilla" en el diario El sol, en los que denunciaba el asunto como una superchería basada en trucos de prestidigitación. Para conocer lo que era capaz de ejecutar seguimos la descripción de una de las sesiones hecha por Luis Araquistain:
"Presencié el experimento en compañía del doctor Negrín, de unos cuantos amigos del joven señor Argamasilla y de su padre, el marqués de Santa Clara [...] la primera prueba me dejó estupefacto. En una de las cajas metálicas que usa el señor Argamasilla habíamos metido Negrín y yo un recorte de periódico [...] El operador se puso algodón sobre los ojos y encima le fue atada una venda. Cogió la caja que le dábamos, bien clausurada, y comenzó a enfocarla por la arista del cierre, situado en el centro. La apartó y la acercó al rostro repetidas veces, la ladeó en diferentes sentidos y al cabo de unos instantes de angustiosa espera, leyó unas cuantas líneas del recorte. Abrimos la caja, y cotejado lo leído con lo impreso, resultó que era idéntico. La prueba se repitió otra vez con el mismo éxito. El hecho era indiscutible. El señor Argamasilla leía dentro de una caja cerrada con llave.
El doctor Negrín solicitó entonces una tercera prueba. Aún diciéndose fatigado, el señor Argamasilla accedió gentilmente a lo que se le pedía. Nos retiramos de nuevo Negrín y yo al cuarto contiguo donde hacíamos la preparación de la caja [...] sacó una tarjeta de visita con un nombre en el centro; escribió una dirección con letra bastante grande, e imitando la de imprenta, en el borde inferior y me dijo con su gravedad característica:
.-Verá usted como no lee lo que he escrito.
En efecto: el señor Argamasilla leyó el nombre impreso pero no la dirección manuscrita, a la cual no hizo ninguna referencia [...]".
Y, tras relatar otros experimentos, Araquistain concluía irónico que "el señor Argamasilla ve bastante bien en los cuerpos opacos y todavía mal a través de los cuerpos opacos".
("La visión en los cuerpos opacos", El sol, Madrid, 23-II-1926, p. 1).

Valle-Inclán asistió en Madrid, a comienzos de año, a varias de estas experiencias de las que salió profundamente afectado. La carta que Argamasilla (hijo) publica en la prensa, y aquí reproducida, no deja lugar a dudas.
Evidentemente Lafora se sintió molesto por las consideraciones de don Ramón y en su último artículo no se paró en barras;
"[...] Más curiosa es aún la actitud personal de nuestro amigo Valle-Inclán. Al gran escritor, que todos admiramos, le está permitido todo género de equívocos y de frases ingeniosas; pero nos sorprende que al defender al señor Argamasilla lo maltrate cuando dice que nunca hemos demostrado ser un zahorí en achaques de trucos y tahurería. Para el señor Valle-Inclán lo esencial es no pasar por tonto al no haber dado con el truco de la supuesta visión supranormal. Por lo visto el señor Valle-Inclán cree que somos tontos los que al ver a un hábil prestidigitador japonés pescar un pez vivo entre el auditorio, o convertir unos huevos en polluelos bajo un sombrero, o hacer cualquier otra habilidad ilusionista, no averiguamos el truco empleado. Si el señor Valle-Inclán hubiese leído nada más que un poco de lo publicado sobre trucos de videntes y de mediums, se daría cuenta de la simplicidad aplastante de algunos de los trucos [...]" ("El caso Argamasilla", El sol, Madrid, 25-II-1926, p. 1).
De ahí la respuesta de don Ramón que también se incluye.
La defensa del joven Argamasilla realizada por Valle-Inclán no se debe solamente a una relación de amistad -nótese que en la carta se dirige a él por su nombre de pila- sino al pensamiento irracionalista, acientífico, que llevó a Valle-Inclán y a muchos, muchos otros, a creer en mediums, cuerpos astrales, ectoplasmas y demás zarandajas.

Finalmente unas líneas sobre el pleito surgido por la escuela de Ostolaza. Este indiano, José Manuel Ostolaza fundó y mantuvo a su costa una Escuela del emigrante que preparaba a sus treinta y cinco alumnos para la vida laboral en América y una Biblioteca popular, ambas en Deva. A comienzos de noviembre el obispo de Vitoria, Mateo Múgica, publicó un folleto donde criticaba la formación en la Escuela -"profana" según él- y tachaba de "pasto venenoso" los libros de la Biblioteca popular escritos por Darwin, Dumas, Blasco Ibáñez o Víctor Hugo, amén de arremeter contra Jiménez de Asúa o el doctor Gregorio Marañón . Pío Baroja contestó con una carta durísima contra el obispo y la polémica saltó a toda la prensa española.

[1] Las palabras de Valle-Inclán

De este último viaje sereno e interminable que va de mar a mar, bajo un mismo cielo que cobija tres pueblos característicos, tres pueblos que hablan tres lenguas hermanas ya gloriosamente emancipadas; de esta jornada de Barcelona a Lisboa conservo nítida y afable la recordanza de aquella viva conversación, llena de intermitencias y reflexiones, que me fue dable mantener con ese lucidísimo espíritu que es el poeta castellano don Ramón del Valle-Inclán, de poética y honda prosapia gallega.
Por lo demás, si ese episodio no lo interesara, mi viaje hubiera corrido monótono, sin alegrarle ni un perfume de primavera, ni una aventura galante, ni un recuerdo amable, ni un panorama suave...
La tragedia cínica de los yermos campos aragoneses, la nieve de Sigüenza, la desesperante insulsez de Madrid, las severas llanuras pardas ligeramente enverdecidas, la pobreza de los lugares extremeños, la sonrisa de la campiña lusitana, las opulencias de las orillas ubérrimas del Tajo. El espectáculo tantas veces recorrido y admirado con inconsciencia que nos da el hábito [...]
No sé si conocéis a Valle-Inclán, lectores. Es toda una naturaleza decrépita albergando un espíritu refinado, seguro, que se consume entre llamaradas de talento. Es un hombre que ha tomado la vida en serio, que tiene un plan, una doctrina y una acción y camina seguro. Tiene confianza en sí y se complace en leer en su íntimo, es crédulo en la eficacia de sus juicios y en su credulidad está su fuerza moral. Ignoro si mi idea del hombre es cabal o engañosa: la intimidad que se establece durante horas continuadas de viaje entre compañeros de vagón, nos induce a formular con ventaja nuestras opiniones.
Valle-Inclán es un intenso poeta, un literato culto, un causeur insinuante, de una altivez de conceptos y una audacia de opinión tan peculiares que a veces han levantado apasionados comentarios y atrevidos episodios. Esto hace amena su frase y ligera la conversación. Cuando asomaba el primer albor de la mañana tiñendo débilmente el amplio horizonte de la región extremeña, ya en el coche se vislumbraba un despertar ruidoso: llenaba los departamentos parte de una compañía de comediantes que iba a Lisboa y de aquí seguía con rumbo a la Argentina.
Inicióse la conversación evocando alguno de los conceptos de la conferencia que Pío Baroja dio en la Casa del pueblo de Barcelona. Valle-Inclán sintió curiosidad por mis palabras:
-
Yo asistí a la conferencia. Por vez primera en mi vida me hallé entre el pueblo anodino de la Casa del pueblo, centro político donde encuentran eco las más acerbas opiniones contra Cataluña; construcción banal y provisoria, una barraca espaciosa, como la tienda de campaña enorme de un ejército de ocupación que allí sentara sus reales después de la conquista, como la choza inmensa de una tribu nómada. Para amezquinar el alma catalana, Baroja dejó llevarse hasta la tribuna desde la cual se fraguaron los atentados contra el honor de la ciudad y el prestigio de Cataluña. No es de extrañar, pues, que los ataques de Baroja encontraran allí ambiente propicio y multitud propensa al entusiasmo. Baroja, con voz queda y amedrentada, leyó su conferencia, amalgama fulgurante de frases hueras, sin concepto y sin nexo, formulando la negación del pensamiento catalán, mediocre e impotente según él, de los siglos. Ella sublima su lengua convirtiéndola en eficaz y bellísimo instrumento de cultura universal, y el catalán, amigo, es idioma de una precaria influencia... El poeta debe ir iluminado del santo orgullo de mundializar su arte, escribiendo en aquella lengua que, siéndole familiar, más irradie por la tierra... Pero yo no creo en la sinceridad del arte catalán; le falta tradición poética. ¿La Provenza?... Sí, sé lo que me va a decir, pero no olvide que la influencia trovadoresca la sufrieron Navarra, Galicia y Castilla tan intensamente como Cataluña. Y además, el genio gallego universalizó la leyenda poética del peregrino, el penitente venido de lejanos parajes, vestido de sayal tosco, armado de cayado rústico y adornado de conchas llamadas peregrinas; y el genio navarro creó la caballeresca leyenda de Roldán, y visite usted Roncesvalles y oirá viva la tradición poética y el pueblo le señalará aquel peñasco que es la maza del gigante y aquellas huellas que son de sus pisadas; y el genio castellano conserva las leyendas que creó del Cid y del Quijote... Lo sé, pero no adquirieron fueros de universalidad las leyendas del conde L´Arnau como los adquirieron las del peregrino compostelano, de Roldán y del Cid... No puede usted imaginar la enorme riqueza poética de Castilla; Cejador ha reunido en poco tiempo más de mil variantes de romances castellanos, y no lo dudo, un pueblo así armado de tan grande tradición poética no puede temer el embate de otra civilización. El mundo conoce las leyendas castellanas, navarras y gallegas, porque le fueron reveladas en el idioma escrito de Castilla.
Después de una pausa y respondiendo Valle-Inclán a mis preguntas, dijo:
.-No se sorprenda usted de mi iconoclasticismo: no creo en el arte de Cataluña. Compare a Maragall con Rubén Darío. Guimerá me confesó un día que nunca le había parecido tan bello el castellano como al leerlo en los versos de este poeta excelso. Rusiñol es un desdichado dramaturgo y ese pobre Iglesias es una medianía insufrible. No reconozco nada más, fuera [de] algunas traducciones de Guimerá que me revele la pujanza y superioridad de la literatura catalana moderna.


Acabada esta sumaria exposición del criterio en que Valle-Inclán tiene a los literatos de Cataluña, criterio tan ligeramente vertido, el autor de Romance de lobos amenizó la conversación con unas notas eruditas sobre pintura española.
-Para mí -dijo Valle-Inclán- sólo han existido tres artistas verdaderamente grandes en España: Berruguete, Velázquez y Goya; los demás no han influido nada en el sentimiento estético universal. En la actualidad encuentro a Zuloaga detestable, y a Sorolla imperfectísimo; Mir es un infeliz que ni noción tiene del color, a pesar de presentarle ustedes como un magnífico colorista; Blay, con toda su corrección y largueza y Querol con su academicismo, no me dicen absolutamente nada. El arte español está decadente y estaría condenado a morir si no fueran esos dos genialísimos e ignorados artistas que son el pintor Anselmo Miguel y el escultor tarraconense Julio Antonio, que serán dos glorias legítimas de la pintura y la escultura españolas.
Sorprendióme la revelación del poeta; cualquiera de esos dos artistas me era completamente desconocido y al pensar en el alto aprecio que les dedicaba Valle-Inclán, tan severo en sus juicios sobre el arte, sentí haber ignorado hasta allí la existencia del escultor Julio Antonio.
La parte más interesante, más ponderada y más positiva de nuestra palestra -amenizada con la charla dicharachera de aquella hijita del poeta y el comentario profuso de su esposa- fue dedicada a la América, esa extensión lejana del suelo hispánico, donde tiene su porvenir, su riqueza y su libertad la raza ibérica. Valle-Inclán es un entusiasta panamericanista, conocedor a fondo de los problemas políticos, financieros y artísticos del nuevo continente, y sus puntos de vista, en esta ocasión, son algunos originalísimos.
-España debía exterminar las razas autóctonas americanas. La política de los colonizadores españoles fue en demasía suave y humanitaria; los pueblos indios, decadentes, depauperados
, degenerados no podían subsistir para formar las generaciones criollas; el híbrido es en todas las especies animales un ser inferior que no puede ser base vigorizante de una raza. La civilización índica ya se había manifestado, siglos atrás, y cuando los españoles llegaron a América, dicen los cronistas, había tribus que habían regresado a una absoluta barbarie. El exterminio de los indios habría asegurado para siempre la dominación del espíritu español en todos los territorios americanos poblados por colonos de la metrópoli. América hubiera constituido un medio excelente de depuración de la raza hispana: el cruzamiento con los indígenas contribuyó a su aniquilamiento físico y moral. Pero aun así, la sangre española corre a torrentes por las poblaciones americanas; la emigración y el desaparecimiento del tipo autóctono y el subsecuente desgaste del tipo criollo, han enmendado el error de conquista y colonización de los españoles invasores. Sobre el territorio fértil de América surgen pueblos vigorosos que definen con grandeza su porvenir; con ellos ha de ir España que ya acabó, en Europa, su misión civilizadora y toda la política actual hispana, toda, toda, debe encaminarse a la realización de la unidad moral y económica hispanoamericana, favoreciendo los grupos de Estados del nuevo continente que tienden a una federación de repúblicas que imponga el equilibrio en la paz y en la guerra. Desgraciadamente España abandonó ese glorioso camino que debía iniciar con valentía; pero las naciones americanas trabajan por el ideal, ellas van a la vanguardia; si no las seguimos perpetraremos la ruina, la muerte de España.
Existe en América la desproporción flagrante entre las repúblicas. Los estados unidos constituyen una amenaza permanente para los demás estados centro y sudamericanos; se impone la confederación central que sea un dique a la voracidad yanqui, y la confederación
del Sud que arrebate la hegemonía a los Estados Unidos; es necesario que impere en América el ideal latino. Ese gran estadista que preside México, el general Porfirio Díaz, está laborando en la más transcendental obra que pueda imaginarse; centinela avizor que descubre la táctica del enemigo, va destruyendo sus planes con la más sabia y patriótica política. El ideal consiste en oponer al coloso yanqui una confederación con cuarenta millones de habitantes ocupando el centro América. Los últimos conflictos con Venezuela, Nicaragua y México han demostrado a los Estados Unidos la intención de los latinos, y de aquí la oposición tremenda que hacen a cualquier inteligencia que traten de establecer las repúblicas centrales. Taft dice que el porvenir de los Estados Unidos está en el Pacífico, por eso se apoderaron del canal de Panamá; pero hay una nación que le disputa la hegemonía del gran mar: el Japón. Treinta mil japoneses están a las puertas de California, en territorio mexicano; treinta mil soldados que México tendrá de guardia avanzada para contener la rapacidad yanqui. Y no se crea que eso quiera decir salirse de un peligro para caer en otro; no. El Japón quiere la hegemonía del Pacífico sin codiciar la América; lo que no quiere consentir es la supremacía, en sus mares, de los Estados Unidos.
Porfirio Díaz, Zelaya y Castro llevaban la acción política hacia una solución confederativa que los yanquis procuraron estorbar por todos los medios, incluso con la amenaza; pero en la contienda, felizmente, los Estados Unidos no son los más fuertes. El error fue no colocarse España al lado de los latinos y tratar poco menos que despreciativamente a esos patriotas que se llaman Castro y Zelaya cuando vinieron a llamarla en su ayuda. España tiene a América en un completo abandono, y sabiendo del desprestigio de que goza, nada hace oficialmente para hermanar los dos espíritus y hacerse digna del aprecio de sus hijas americanas. Y lo peor es que la propaganda privada asume las proporciones de vergüenza de los viajes que realizaron Blasco Ibáñez y Lerroux, que tanto contribuyeron al desprestigio de nuestra cultura.
Y aquí el poeta hablaba con extraordinaria vehemencia.
.-Nunca se debía haber permitido que esos dos politicastros, especie de aventureros ávidos de riquezas, se arrogaran la representación de la actualidad [sic] española. Lerroux actuó de verdadero empresario de circo ecuestre; él mismo preparaba sus espectáculos, ejercía de reporter, actuaba de taquillero y de acomodador, y cuando tenía la gente reunida, la propinaba cuatro banalidades de prisa y corriendo y los mandaba en paz.
Blasco Ibáñez hizo peor: desprovisto de valor intelectual, con un afán desmedido de dinero, portóse indignamente al querer demostrar ejemplarmente la cultura española. Uno de sus primeros actos al llegar a la Argentina fue vender al precio corriente millares de ejemplares de sus novelas, numerosas ediciones que llevaba de repuesto, y al dejar abarrotadas de sus libros las librerías bonaerenses, vendió al diario La nación la propiedad de una formidable edición de sus novelas a un precio bajísimo, ludibriando así a los infelices libreros que le agotaron las ediciones corrientes. Vaya otro ejemplo demostrativo: un compatriota riquísimo, dueño del mejor hotel de Buenos Aires, se vio honrado con la visita de Blasco Ibáñez que deseaba instalarse en su casa; para honrar al huésped ilustre el hotelero puso a disposición del escritor valenciano las habitaciones del primer piso, dignas de un verdadero príncipe de las letras. Dormitorio regio, salón de visitas, fumoir, etc. Al presentarle el hotelero la cuenta modestísima, un precio de hospedaje verdaderamente de amigo, unas diez pesetas diarias para no ofender la altivez del literato con la oferta gratuita de una pensión de hotel, Blasco Ibáñez se sublevó contra la pretensión del hotelero que reputó excesiva e impertinente. Y todo ello, tan vergonzoso y deplorable, contrastaba con la noble conducta observada por Anatole France, príncipe insigne de las letras francesas, que se portó tan gallardamente como lo indica el negarse a dar más conferencias que las estipuladas en el contrato con el Instituto francés que le invitó... mientras que Blasco Ibáñez se ofrecía a discursear en todas partes y a quien le diera más. El gobierno argentino quería comprar, por cien mil francos, un ejemplar de la obra de Anatole France sobre la república Argentina; el gran escritor agradeció el homenaje y rehusó la dádiva. Felizmente para España y para la literatura, el gobierno argentino no hizo a Lerroux ni a Blasco Ibáñez idéntico ofrecimiento.
A esa cultura [sic] iría la conversación cuando el tren se internaba en tierras lusitanas: estábamos en Portugal. Valle-Inclán me dio la palabra: era mi tema favorito, quería que yo le hablara de cultura portuguesa... Yo dispenso la parte que me cabe en la palestra en gracia a mis lectores

Ribera y Rovira
Lisboa, 12 de abril de 1910
(La Cataluña, Barcelona, 30-IV-1910, p. 269-271)


[2] España en América
Hoy he tenido una larga charla con Valle-Inclán. Este prócer de las letras, cada día más hondamente tradicionalista, más católico y más social, acaba de volver de América donde ha permanecido algunos meses. Sus observaciones sobre aquellas jóvenes repúblicas tienen excepcional interés y convendría que las conociera España y sobre todo el estado y sus gobiernos.
Él viene con la convicción de que es ahora cuando comienza a acentuarse la influencia de España sobre América. Cuatro siglos de dominación sólo han servido para desbrozar el camino a esa influencia porque con esa lentitud hace su camino la civilización de los pueblos.
Acusa poca perspicacia creer que los únicos ni los principales lazos entre naciones son los de un gobierno común, que las influencias recíprocas acaban o se atenúan grandemente cuando se rompen esos lazos y cada una, independiente, sigue sus rumbos políticos. Grecia pesó sobre Roma, pesa hoy todavía sobre Europa con los libros de sus filósofos y el rastro de luz de sus artistas. Roma ha continuado pesando sobre España siglos y siglos, aun después de retirados de aquí sus procónsules y sus pretores, saturando de su espíritu nuestros Códigos y haciendo que cada movimiento de nuestros labios la recuerden.
Algo así pasa con España en América. Allí dejó sus huellas no un hombre sino una raza y la obra de un hombre puede ser efímera pero la de una raza es perdurable. Las huellas nuestras el tiempo, en vez de borrarlas, las acentúa más. Las regiones más hospitalarias, las vías de comunicación más fáciles, útiles y rápidas no son las sorprendidas [sic] por los nuevos estadistas o por los modernos ingenieros sino las que siguió en su estancia de siglos la raza española. Las rectificaciones que la realidad obliga a hacer fuerzan a aquellas repúblicas a entrar en los cauces que nosotros abrimos hace un siglo. La equivocación de un individuo es fácil; la de todo un pueblo no lo es tanto. La lengua es un instrumento de dominación espiritual incomparable. Repiten nuestras palabras pero las palabras tienen un contenido espiritual que con ellas pasa a los cerebros y a las almas. Ese contenido, sustancia de la lengua, es el bloque que amarra aquellas tierras a España, más que la lengua misma.
Y ésta no muere en América; reverdecería y llevaría allí más pujante nuestra savia si nosotros nos preocupáramos algo más del inmenso porvenir que allí tenemos.
A América van italianos, rusos, de todas las naciones del globo, pero todos tienen que aprender el castellano porque es la lengua de la religión en el templo, del Derecho en los estrados, de la ley en el Parlamento y la Administración, del maestro en la escuela, de los negocios en la Bolsa, hasta de la vida en general en la prensa, en la familia y en la calle. La lengua evoca nuestro mundo espiritual y a las dos generaciones ya están americanizados que vale tanto como decir que ya están casi españolizados. La lengua es el molde en que se funden, y ese molde, quiérase o no, es la obra de nuestra raza, de España. Por la lengua podríamos acentuar prodigiosamente nuestra influencia en América y transmitirle toda nuestra civilizadora [sic], la ciencia, el arte, el derecho, la tradición, la vía misma de su desenvolvimiento industrial.
Doce hombres de talento y honradez, elegidos en nuestras facultades de ciencias, deberían vivir unos años en América y estudiar sólida, científicamente, la fauna y flora de aquellos países con vista a las explotaciones industriales. Los libros que escribieran les darían la ciencia hecha y seria a España, a la que deberían ese beneficio estupendo en cuya realización no podríamos tener competencia. Pero si no lo hacemos nosotros, lo hará Italia, Alemania o los Estados Unidos. Ya lo están planteando: ese problema lo podría resolver nuestra Junta de Pensiones enviando pensionados a América en vez de enviarlos a París, Munich o Sebastopol.
Otro medio podría ser una gran casa editorial que a precios baratísimos transportara y popularizara allí toda nuestra rica literatura clásica. Esto haría no sólo por la índole de su cultura y por el prestigio secular con que se presentarían al lector americano, sino porque sien primi sapientis [sic], podrían hacerse y venderse en mejores condiciones económicas. Esta labor no puede hacerla ninguna de aquellas repúblicas y puede hacerla España fácilmente. Esta España más cerca de cualquiera de ellas que ellas entre sí. Para ir de Buenos Aires a Cuba hay que pasar casi por España porque hay que venir a Canarias. Canarias podría ser el depósito central de este inmenso comercio de libros. Es camino breve para todas las Repúblicas y por ellas nos comunicaríamos no sólo en España con ellas sino con ellas entre sí. Una facilidad para esta nueva penetración intelectual sería eliminar los abusos del librero en América. El editor español pone aquí un precio a sus libros pero el librero americano hace con él una multiplicación fantástica. El origen de la novela de Menéndez Pelayo, le costó en Buenos Aires 10 pesos. Pero este abuso puede terminar pronto. Este año se celebrará un congreso pan-americano y en él se intenta acordar con carácter obligatorio y sanciones penales que el libro español tenga allí el mismo precio que aquí, con los gastos de traslación.
Si él fuera gobierno no tendría inconveniente en dar primas a los editores españoles que mayores facilidades dieran a la difusión del libro español. El libro afianzaría allí nuestro idioma y con él nuestro pensamiento, nuestra influencia>Severino Aznar
(Diario de Galicia

[3] Varias cartas

 

 

 

 

Querido Joaquin: he leído el artículo del doctor Lafora sobre el cual me preguntas y no creo que debas preocuparte. Este doctor parece que es un eminente alienista, pero nunca ha mostrado ser un zahorí en achaque de trucos y tahurerías [sic]. Su opinión en este punto carece de toda autoridad. Hablar de lo que no se ha visto y suponernos tontos a los que hemos tenido plena comprobación, acusa más ligereza que sentido científico.
Es siempre tu amigo, Valle-Inclán

(El Sol, Madrid, 19-II-1926, p.1)


Valle-Inclán responde a una alusión. ¿Miró Argamasilla por una rendija?

El doctor don Gonzalo R. Lafora que está publicando en nuestro colega El sol unos artículos sobre el vidente señor Argamasilla, hoy alude a don Ramón del Valle-Inclán, que ha contradicho algunas de sus apreciaciones. "Por lo visto" -dice el señor Lafora- "el señor Valle-Inclán cree que somos tontos los que al ver a un hábil prestidigitador japonés pescar un pez vivo entre el auditorio, o convertir unos huevos en polluelos bajo un sombrero, o hacer cualquier otra habilidad ilusionista, no averiguamos el truco empleado". El ilustre escritor, con quien hemos hablado esta mañana, responde:
.-No. Yo no creo que sean tontos los que no averiguan el truco de un juego de manos. Los tontos son los que, sin haber visto una experiencia, se empeñan en explicarla...
.-¿No cree usted que la explicación del señor Lafora sea aceptable?
.-No. El señor Lafora está diciendo una porción de puerilidades... Hoy, por ejemplo, exhibe con aire triunfal la carta de un señor que dice que ha presenciado la experiencia y cuenta, con tono escéptico, que Argamasilla vio una línea de color violeta en un objeto colocado en el fondo de la caja. Pues bien, este hecho destruye esa teoría de la rendija defendida por el señor Lafora. Si Argamasilla hubiera mirado por una rendija, aunque ésta fuera muy amplia, un objeto de color violeta en una caja que estaba, según cuentan, plenamente iluminada por el sol, el objeto le habría parecido negro...Eso lo sabe cualquier pintor. Es muy extraño que un doctor no lo sepa.

("Valle-Inclán responde a una alusión", Heraldo de Madrid, Madrid, 25-II-1926, p. 1)

 

[4] Un pleito literario. Valle-Inclán, Eduardo Marquina y el "Teatro del Cántaro roto". Una posible representación de Luces de bohemia y una votación en el Círculo de Bellas Artes.

Bien conocida es la frase de aquella modista francesa que decía que en cada moda no hay sino un retorno a los patrones antiguos. Esto ocurre a veces con la actualidad. Paradójicamente la actualidad suele vestirse con trapos viejos.
He aquí, por ejemplo, a don Ramón del Valle-Inclán en quien encuentra visos actuales cierta añeja actitud de protesta contra la directiva del Círculo de Bellas Artes.
.-Parece ser -nos ha dicho hoy el ilustre autor de las Sonatas- que en Bellas Artes va a procederse a la renovación de la junta directiva.
Dicho esto don Ramón enmudece, pensativo. Un minuto se acaricia con su mano única las barbas plateadas y largas: barbas que son de chivo, según el decir ya clásico... Estaba escribiendo don Ramón. Tiene sobre la mesa una larga pipa oriental y un montoncito de cuartillas escritas con lápiz. Junto a las cuartillas hay un libro en francés. Y en la estancia -silenciosa, clara- se respira un aire suave de paz.
.-En realidad -continúa don Ramón- yo no sé a punto cierto de qué se trata... Llevo más de un mes sin salir de casa... he estado enfermo... Pero parece que ahora va a haber, en efecto, renovación de junta en el Círculo... Mañana, de cinco a diez de la noche, hay votación. Proponen a Eduardo Marquina para el puesto de vicepresidente primero.
Valle no puede reprimir una sonrisa y dice:
.-¡A ver si ahora puedo renaudar las representaciones del Cántaro Roto. Llevo escritas varias cartas al Círculo y todavía no he tenido contestación.
.-Pero ¿qué le pasó a usted con el Círculo?
.-Que estaban empeñados en hacer un contrato en contra de las normas al uso. Yo llevé al Círculo mi compañía del Cántaro Roto. Simbólico era el nombre porque de sobra adivinaba lo que iba a sucederme con el tal cántaro, hermano de aquel otro de la lechera ilusionada... Todo se vino abajo en tres funciones. Es costumbre en los teatros que de cada obra estrenada se den tres representaciones cuando menos. Pues bien: yo terminé con el Círculo porque no querían que se dieran esas representaciones a una obra de Anatole France que teníamos en ensayo. No me dejaban pasar de una sola representación.
Valle calla otra vez... Esta silenciosa actitud de hombre que piensa es acaso su actitud habitual: la mano única en la barba de seda, la larga pipa en los labios, la mirada lejana y como perdida... Pero a una pregunta del gacetillero torna pronto a hablar:
.-Yo le dije al Círculo que no tenía inconveniente en esa única representación, siempre que no asumiera yo su responsabilidad. Y aún estoy esperando la respuesta. Pero, en fin, estas son cosas pasadas. Hablemos del presente. Yo creo que ahora, si Eduardo Marquina forma parte de la nueva junta directiva, podrán intentarse de nuevo las representaciones del Cántaro Roto... Vamos a ver si lo consigo...
.-Y en caso de soldarse los pedazos del Cántaro Roto ¿qué propósitos tiene usted?
.-Los mismos de antes. Quiero dar ante todo la farsa de Anatole France y la Cándida de
Bernard Shaw. Y muchas cosas más...
.-¿Algún estreno?
Una sonrisa en los labios finos de Valle. Y esta contestación:
.-Posiblemente... Acaso mi Luces de bohemia, si es que encuentro un actor que pueda encarnar el papel de Máximo Estrella...
En efecto, mañana habrá votación en el Círculo de Bellas Artes. No está equivocado el autor de La marquesa Eulalia [sic]. Entre los socios, de mano en mano, corre ahora por el Círculo uan candidatura con probabilidades de triunfo [...]
Eduardo Marquina está sentado ante su mesa de trabajo que ilumina la tranquila claridad de una lámpara hogareña. En los cristales del balcón cantan los tamborcillos de la lluvia.
.-Yo no estoy enterado de nada que se refiera al Círculo de Bellas Artes -dice Marquina en respuesta a una pregunta del gacetillero- Sólo sé que hace algunos días Miguelito Ródenas, tan buen amigo mío, me habló en el Fontalba durante la representación de La ermita. Sobre poco más o menos me dijo que había sido incluido mi nombre en una candidatura para la nueva directiva del Círculo.
.-¿Y si triunfa esa candidatura, está usted dispuesto a apoyar los intereses de Valle-Inclán?
Se apresura a responder nuestro primer poeta civil:
.-Con toda el alma. Claro que yo no soy nadie para apoyar a Valle-Inclán que está tan por encima de todos nosotros. Pero mis fervores le seguirán siempre.
Marquina pone en orden las cuartillas que hay sobre la mesa... Luego se quita los lentes... Al cabo sigue hablándole al gacetillero:
.-Pero todo lo que diga ahora es prematuro. Todavía no sé si voy o no a formar parte de la directiva del Círculo. Si en efecto me eligiesen, habría de explorar el criterio de mis compañeros de Junta... Entonces vería si habría de proponerles o no el retorno al teatro de la compañía de Valle-Inclán. Y si no aceptasen mi propuesta, yo resolvería, yo decidiría...

J. L. S
(Informaciones, Madrid, 22-II-1927, p. 3).


[5] Los grandes hombres a través de sus hijos.
Una hora con Carlos Luis del Valle-Inclán
Palabras preliminares.
En una esquina de la solemne estancia Carlos Luis y yo vamos desmenuzando un diálogo sobrio y lleno de acertadas apreciaciones por su parte. Él espera mis preguntas para responder en un lenguaje amplio y alegre, con un tono de honradez espiritual que demuestra la deliciosa herencia de sus padres. Mi propósito es repasar la obra de <Ahora el pequeño y yo, frente a frente en la quietud conventual de la habitación.
.-¿Cuántos años tienes?
.-Diez, pero voy a cumplir once. ¡Ponga usted once mejor!
.-¿Qué vas a estudiar después del bachillerato?
.-Quiero ser médico.
Este punto de afinidad conmigo me alegra. Pero de todas maneras me extraña que se aparte de la profesión de su padre.
.-¿Y escritor no?
.-No me gusta. Me resulta un poco pesada la literatura. En general no leo novelas.
.-¿Y el teatro?
.-Teatro clásico sí me gusta. Pero en la actualidad me parece que no se hacen buenas comedias...
El juicio del pequeño ha sido expresado con tal valentía que da idea de que lo ha concebido después de leer con detenimiento muchas obras teatrales.
.-¿De la labor de tu padre?
.-Sobre todo las Comedias bárbaras y los Esperpentos. Aromas de leyenda y Jardín umbrío me gustan mucho también por el aspecto silencioso y suave de la prosa.
.-¡Aromas de leyenda es verso!
.-Pero me gusta. Yo he leído muchos romances y libros de Quevedo. Papá me enseñó una manera gráfica de medir los versos, poniendo un papel transparente sobre ellos. De esa manera resultó que Rubén Darío es el mejor poeta de mucho tiempo a esta parte.
.-¿Te gustaría verte representado en alguno de los personajes que ha creado tu papá?
.-No me agradaría, porque no se iba a enterar nadie más que yo...
.-¿Tú no has hecho nunca literatura?
.-Algunas veces, en el colegio. He escrito sobre Velázquez y Goya. Los temas de pintura me interesan mucho. De Velázquez creo que es un gran dibujante; pero aunque dicen que es pintor realista, yo creo que no. Depura tanto el lienzo que lo aparta de la realidad. Su Felipe IV tiene unas piernas que parecen de ciervo. Y de Goya creo que se siente superior a los personajes que pinta. Por ejemplo, en el cuadro de Carlos IV y su familia, se cree más que el mismo rey.
.-¿Qué escuela prefieres?
.-La italiana sobre todas. Me parece la más florida.
Después de una pausa volvemos al objeto de la charla.
.-¿Escribe mucho don Ramón?
.-Mi papá para escribir necesita reposo y mucho silencio. A mí me ha dicho muchas veces que cuando trabaja mejor es durante las horas que estamos en el colegio. Cuando era más joven se estaba escribiendo hasta las tres de la mañana, pero ahora se levanta temprano.
.-¿Tarda mucho en preparar un libro?
.-¡Quiá! Escribe muy deprisa. Su comedia bárbara Romance de lobos la hizo en veinte días justos y tiene 268 páginas. Tiene la costumbre de escribir con lápiz y hace una letra que únicamente mamá la entiendespan>Julio Angulo
(Heraldo de Madrid, Madrid, 12-VI-1929, p. 7).

 

 

[6] Interesantes manifestaciones de Don Ramón del Valle-Inclán.
Los conflictos estudiantiles. Las responsabilidades del 98 y las de ahora, y el pleito de la escuela Ostolaza.

Ya comunicamos ayer que había llegado a san Sebastián, procedente de Madrid, el ilustre escritor don Ramón María del Valle-Inclán, quien mañana emprenderá el viaje a Elizondo donde se propone pasar una temporada de reposo. Esta tarde ha estado en Zumaya, posando ante el pintor Ignacio Zuloaga que prepara un cuadro titulado "Mis amigos", en el que, entre otros, aparecen Valle-Inclán, Pérez de Ayala, Marañón y Belmonte.
Un periodista ha visitado al autor de las Sonatas, quien le ha manifestado que todavía se encuentra convaleciente. Interrogado acerca de los conflictos estudiantiles ha dicho:
.-El movimiento estudiantil tiene enorme trascendencia. Se trata de ventilar en España, no una cuestión de régimen ni de política, sino de ética, y la juventud escolar, que ha dado muestras de tener una sensibilidad
superior a las generaciones anteriores, ofrece la esperanza de una España
mejor, porque los pueblos no son grandes por sus progresos materiales, sino por su significación espiritual.
.-¿Y no hay peligro -le preguntó su interlocutor- de que ese movimiento se malogre por falta de dirección?
.-No, rotundamente. Al frente de esa juventud va lo mejor del profesorado y eso es una garantía. En ella está, entre otros, Sánchez Román, que es, sin duda, uno de los hombres con más sentido jurídico de España. Ahora no ocurre como nos ocurrió a nosotros, los del 98. Entonces las responsabilidades eran más graves, porque lo de Annual, ni robos, ni estafas, tienen la importancia, por mucha que tengan, de la pérdida del imperio colonial. Pero, entonces, a los responsabilistas no nos acompañaba la opinión. Hoy, sí. España ha progresado y su juventud escolar ofrece la perspectiva halagadora de un mañana venturoso. Entonces, los que clamábamos, nos veíamos bloqueados por el Poder y por el pueblo. Pero se han cambiado las tornas.
Al aludir a la inconsecuencia de algunos hombres del 98, don Ramón ha fustigado duramente a Azorín y al resaltar la mayor importancia de las responsabilidades de entonces en relación con las de ahora, recuerda el asesinato de Rizal.
Finalmente ha hablado, entre otras cosas, de la intervención de Baroja en el pleito sobre las escuelas Ostolaza, y ha dicho:
.-Me gusta, me gusta. Ha estado muy bien. Ese obispo tiene cerrazón de seminario.
(El liberal, Bilbao, 22-X-1930, p. 6).

[7]
Un juicio de Valle-Inclán acerca de Mussolini

He aquí las palabras que ayer pronunció don Ramón del Valle-Inclán, director de la Escuela [sic] de Bellas Artes en Roma, al presentarse en el instituto Nebrija (Colegio de Nuestra Señora del recuerdo, de Chamartín) para saludar a los opositores que hacen ejercicios preparatorios a cátedras de literatura en la segunda enseñanza:
"Vengo de Roma y quisiera ofreceros un motivo político-literario para vuestros estudios. Allí, mejor que en parte alguna, se aprecia el sentido universal, católico, de Roma frente al sentido local y meteco de Berlín. Mussolini ha destrozado [sic] la Vía Imper y en ella ha colocado cuatro estatuas: las de Julio César, Octavio Augusto, Trajano y Nerva, para dar idea, con los últimos, de que Roma no tuvo fronteras.
Este sentido de que Roma es la vía del mundo es ya un axioma. En el camino de Roma a Nápoles está Capua, y a cincuenta kilómetros de Roma, Ostia Antigua. Mussolini ha ordenado excavar en Ostia Antigua, no por su valor arqueológico, sino porque allí se decidió la suerte de Europa cuando del puerto salieron las naves de Escipión con rumbo a Cartago. Al otro lado, en el camino de Roma a Nápoles, en la tierra firme estaba Aníbal. El romano le entretuvo allí mientras abría la vía marítima y se lanzaba a navegar, cosa que vale tanto como la vida misma. Este sentido universal de Roma la convirtió en la sede del mundo. Puede volver a serlo en los Estados Unidos de Europa. Esa es la ambición de Musolinni".
El señor Valle-Inclán fue ovacionado.

Por lo que se ve vuelve bastante influido por el fascismo italiano y mucho nos tememos que le dure muy poco la dirección de la Escuela de Bellas Artes de Roma.
Pero si así alaba, y así es aplaudido por alabar al fundador y jefe del fascismo, ¿cómo es que los juzgados procesan por "coaliciones ilegales" a los que suponen afiliados al fascismo? Aten ustedes esas dos moscas por el rabo

 

 

El siglo futuro (Madrid, 4-VIII-1933); también en la misma fecha en los diarios madrileños ABC (p. 27) y La época; una reseña ligeramente distinta, y sin tomarse en serio las palabras de Valle-Inclán en "Imaginación", El sol (Madrid, 5-VIII-1933, p.1