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La prosa reverberante de  1firma_g_miro

 

1gabriel_miroAlicante 1879 - Madrid 1930

gmiro_y_madreDe niño con su madre. Casa Mediterráneo. Centro de Legados.Gabriel Francisco Víctor Miró Ferrer tuvo por nombre el de sus dos abuelos. Nació la tarde del 28 de julio de 1879, entre las faldas del monte Benancantil y la vera del mar Mediterráneo. Corrió riesgo de asfixia en un parto complejo al enroscarse el cordón umbilical con doble vuelta al cuello.
Fue el segundo hijo del matrimonio del ingeniero de caminos Juan Miró Moltó y Encarnación Ferrer Ons.
En sus primeros años de vida tuvo maestro en casa, cuyo recuerdo evocará mucho más tarde en el bello libro El humo dormido, donde también aparece un antiguo criado de la casa, Nuño.


Los relatos orales maternos sobre "La Pasión de Jesús" y las visitas al taller academia de su tío Lorenzo Casanova, erudito pintor de fina sensibilidad y lector voraz, serán las primeras experiencias estéticas, decisivas en su formación.

jun_y_g_miroCon su hermano Juan.El muchacho de ojos claros fue reservado, melancólico, enfermizo e hipocondriaco. Los cinco años de internado, siendo aún niño, junto a su hermano, en el colegio de los Jesuitas de Orihuela, le sumergen en una profunda tristeza y acarrean problemas de salud. Incluso sus padres mudaron vivienda a una casa contigua al convento colegio por vivir lo más cerca posible del infante. Estos amargos años dejaron indeleble huella en el espíritu hipersensible del autor que los recreará posteriormente con tristeza "seca y helada".

Sin vocación precisa y por agradar a su padre se matriculó como alumno libre de la carrera de Leyes en Valencia. Fija su residencia en el barrio de Benalúa de Alicante, del que apenas saldrá. Alterna el estudio con la lectura al frecuentar la biblioteca paterna donde entabla trato con El Quijote, los místicos castellanos, Santa Teresa, Gracián y La Biblia, influencias constantes durante su vida.
En el bajo de un edificio funda con los amigos del barrio el "Ateneo Senabrino", una pequeña tertulia contigua a la zapatería del señor Senabre.
Trasladó expediente a la Universidad de Granada donde consigue acortar y finalizar estudios en 1900. Aunque el desengaño llegó pronto, "... supe que no servía para nada ni eso era mi vocación".
Al año siguiente publica su primera novela de la que renegará. En efecto, La mujer de Ojeda llevaba por sintomático subtítulo (Ensayo de novela).

con_esposa_clemenciaCon su esposa Clemencia.Poco después contrae matrimonio en una ermita de su querido barrio con Clemencia Maignon, hija del cónsul francés. Fruto del amor nacerá en 1902 su hija Olimpia y, pocos años después, Clementina.
Sin claras aspiraciones, prepara oposición a Judicatura para aprobar sin plaza. Descreído del estudio, siente fuerte la vocación literaria:
"... fui reconcentrándome en mí mismo, escuchándome, y comencé a saber qué sentía".
Oposita de nuevo en 1907 con repetido fracaso. Sin embargo, transmutó su descalabro opositor en luminosas páginas del Libro de Sigüenza.
Desencantado pues de las oposiciones y animado por amigos participa en el concurso "El Cuento Semanal" para el cual redacta la novela corta Nómada. El 15 de febrero de 1908 obtiene el premio y el jurado, formado por Baroja, Valle-Inclán Felipe Trigo y Zamacois, le rinde un sincero homenaje.

Empieza a colaborar en el prestigioso suplemento Los Lunes del Imparcial, en el Heraldo de Madrid y en el Diario de Alicante. A remolque del prestigio conseguirá plaza efímera de Cronista de la provincia de Alicante. El puesto se suprimirá en febrero de 1910. Viajó a Madrid con el vano intento de rehabilitar la plaza como cronista pero la constante incertidumbre económica vertebrará ya la vida de Miró.

famili_miro_1915Gabriel Miró con su familia, en 1915.Joan Maragall le introduce en la prensa catalana y escribirá para el Diario de Barcelona, La Publicidad y La Vanguardia. La segunda década del siglo XX supone para el autor una etapa de transición profesional y adaptación a la vida de Barcelona, donde fija residencia en 1914. Sin embargo, los cambios no vinieron acompañados de mejora económica.
Su amigo Enrique Prat de la Riba, Presidente de la Mancomunidad, le ofreció un modesto cargo como contable en una casa de caridad. Aceptará con cierta congoja y vivirá retirado en su hogar, añorando el mar y el paisaje levantino.
Al poco, abandona el puesto de administrador alentado por el encargo de dirigir una Enciclopedia Sagrada Católica a la que se entregó en cuerpo y alma. El cierre de la empresa gestora provoca la suspensión del proyecto en el cual había depositado grandes esperanzas económicas:

"Sufría yo grandísimos daños, porque todo lo dejé para esa empresa".

El infructuoso esfuerzo le permitió, al menos, engrosar su caudal de conocimientos católicos. A pesar del dolor, con tal bagaje redacta hermosísimas colaboraciones en La Vanguardia que más tarde conformarán el libro Figuras de la Pasión del Señor.

En 1917 le ofrecen empleo en el Archivo del Ayuntamiento de Barcelona y dos años más tarde pasa a la sección de Cultura con el encargo de redactar la crónica de Barcelona del siglo XIX. No cumplirá tal disposición enfebrecido por la escritura. Su última residencia barcelonesa fue en una torre de Sarriá.

Antonio Maura le anima a trasladarse a Madrid, anhelo que logra en 1920. Gracias a la intercesión de su valedor consigue un modesto puesto de oficinista en la Secretaría General de Justicia. Dos años después mejora su posición al conseguir plaza de gestor de los Concursos Nacionales, puesto que mantuvo ya hasta su muerte. En el Paseo del Prado vivirá los últimos diez años de su vida.

La presión de los católicos, acusando de amoral la visión estética de Miró en su interpretación literaria de las Sagradas Escrituras, boicoteó su candidatura al premio Fastenrath, a pesar de la intermediación y defensa de Antonio Maura, presidente de la Real Academia. La sañuda campaña de las fuerzas más conservadoras malogró una segunda propuesta al premio con la formidable novela Nuestro Padre San Daniel. Poco pudo mitigar el amargor de semejante cruzada el premio Mariano de Cavia, obtenido en 1925, gracias al artículo "Huerto de cruces" publicado en El Sol.
La publicación de su novela El Obispo leproso encolerizó a la Iglesia, y, en especial, a La Compañía de Jesús. La virulenta respuesta de los jesuitas apoyados por cierto sector reaccionario orquestó una campaña de descrédito. Al caldeado ambiente se sumó la hiriente reseña de Ortega y Gasset aparecida el 9 de enero de 1927 en las páginas de El Sol donde combinaba el elogio envenenado con la crítica directa

He sorbido algunas líneas, tal vez una página, y me he quedado siempre sorprendido de lo bien que estaba. Sin embargo, no he seguido leyendo. ¿Qué clase de perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra? [...] No creo que haya actualmente escritor más pulcro y solícito [...] Tanto, que acaso ese son persistente de prima hiperestesiada colabora a la fatiga, no dejando respiro: la perfección de la prosa es en Miró impecable e implacable

Al paso salió la defensa de Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y otros, pero las críticas se intensificaron al presentar Azorín, avalado por los escritores y académicos Palacio Valdés y Ricardo León, su candidatura a la Real Academia en febrero de 1927. Miró llamó con amargura al asunto el "anecdotario de mis derrotas [proveniente de] ruindades inesperadas".
Las fuerzas vivas del país frustraron aquel empeño. Lo explicó con discreción Azorín:

"por razones de circunstancias, que nada tienen que ver con la obra literaria de Miró".

Más explícito detalló el tema Gabriel Miró:

Nada pedí; nada busqué, y todo lo he perdido. A un escritor como yo no es fácil que se le reitere un momento tan propicio para la afirmación económica como se me presentaba. Se me han embestido y enroscado todos los sacres de San Ignacio y todos los galloferos de la pluma. La censura del Gobierno ha consentido que me volcasen el estiércol de la Compañía y Cía. Pero ha tachado los artículos más valientes que me defendían.

Dolido el ego y minado su prestigio, el escritor alicantino se repliega en su vida familiar, vive en intimidad el calor y cariño de su hogar. En tal ambiente surge el libro de íntimo memorialismo Años y leguas.
En los últimos años de vida su obra transpira un fuerte anhelo: "Cómo deseo y necesito la rinconada de mi tierra".
Su apartamiento del mundo ya no tenía remedio. Desde 1921 en adelante veraneará en la masía de Les Fonts en Polop.
Apenas escribirá desde 1927, profundamente alicaído por el fiasco del tercer intento de conseguir el Fastenrath.

Tras acudir a un homenaje con motivo del regreso a España de su viejo amigo Unamuno, enferma. Fue operado de apendicitis con poco éxito y el 27 de mayo de 1930:

"Me voy; quiero acabar. La muerte no tiene ninguna importancia. Es un tránsito [...] Y yo estoy bien preparado".

Muere tras exclamar un sencillo pero sentido y sereno:

"Señor, llévame".