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Relación  autor.baroja  con otros creadores

 

Pío Baroja fue un hombre famoso por su carácter huraño y sus complejas relaciones con los numerosos intelectuales y artistas con los que se trató en Madrid. Sin embargo, su capacidad de análisis y su franqueza le han convertido un testigo imprescindible de esa ápoca.

 

fotogrupo

1. Antonio Paso. 2. Ramiro de Maeztu. 3. Pío Baroja. 4. Palomero. 5. Luis Bello. 6. Bargiela. 7. Joaquín Álvarez Quintero. 8. Gabaldón. 9. Azorín. 10. Ctrarineu. 11. Cristóbal de Castro. 12. Eduardo Zamacois. 13. Joaquín Segura. 14. Llanas Aguilanedo. 15. Serrano de la Padrosa. 16. Viérgol. 17.González Llanas. 18. Abat. 19. Serafín Álvarez Quintero. 20. Francos Rodríguez. 21. Eugenio Mario (hijo). 22. Jacinto Benavente. 23. García Álvarez. 24. López Ballesteros.

Esta famosa foto de Company corresponde a los alrededores de 1900 y constituye un documento verdaderamente excepcional. El individualismo, y hasta el bizantinismo de la nutrida, y desde luego valiosísima promoción literaria del 98, impidió la agrupación de sus componentes ante las cámaras fotográficas. La excepción pudo conseguirse afortunadamente en esta casi única oportunidad . Faltan a la cita Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Ricardo Baroja, Silverio Lanza, Eugenio Noel, Ruiz Contreras, Manuel Bueno y algún otro de los que figuraban en la época.

 

Pío Baroja fue muchas veces retratado y caricaturizado y él mismo se retrató.:

Retrato_Pio_baroja_casasDibujo al carbón y pastel, ca. 1904-05. Ramón Casas.

 

caricatura_pio caricatura-baroja-2baroja_bagariaCaricatura por Luis Bagaría.

 

camino-perfeccEn su novela publicada en 1901, Camino de perfección, el protagonista es un joven pintor que se indigna ante una injusticia de que es objeto por parte del jurado de una exposición de Bellas Artes:
"Esta gente no entiende nada. No han comprendido a Rusiñol, ni a Zuloaga, ni a Regoyos ...".
Significativamente, Ignacio Zuloaga había sido excluido el año anterior del Pabellón de España de la Exposición Universal de París, hecho que fue comentado profusamente por la crítica internacional.

1 Baroja 2-Zuloaga-3 Azorin-4 Jose-maria-Salaverria-19251.Baroja. 2. Zuloaga. 3. Azorín y 4. Salaverria, 1925. Entrada Museo de Zuloaga, Zumaia.

La defensa de Baroja del pintor vasco, duramente atacado por la prensa derechista y las gacetas militares, continuó en 1905, en un artículo titulado "El Estancamiento". Pío Baroja se refirió a la rutina y ausencia de meritocracia en la promoción de los personajes públicos españoles como uno de los grandes males del país, contraponiendo el entusiasmo que desataba Echegaray con los ataques contra Zuloaga, cuando éste, según Baroja, es "el único español de nombradía europea".

Baroja hizo un viaje a Córdoba con el pintor Darío Regoyos.
"Con las impresiones de Córdoba escribí mi novela La feria de los discretos, que la comencé en Madrid y la terminé en el Monasterio de El Paular, en un cuarto que tenía una ventana que daba al antiguo cenobio".

En general las opiniones de Baroja eran bastante matizadas. Sobre la pintura de Santiago Rusiñol opinó: 
"No creo que sea de un artista genial; pero está muy bien. Su literatura me gusta mucho menos; me parece que ha pasado sin dejar huella".

Sobre el pintor Gutiérrez Solana vierte comentarios muy duros, reflejo de su difícil relación con él. Refiriéndose a los hermanos Solana escribe:
"Al principio muy rojos y luego muy falangistas, y siempre muy cucos".
Después de tratar a Gutiérrez Solana en París, durante la Guerra Civil, opinó que tenía un espíritu pequeño y rencoroso, obsesionado con no tener el reconocimiento que sí tenían otros miembros de esta generación, algo que el novelista atribuía al estilo basto y desagradable de su arte.

Al igual que otros noventayochistas, Baroja detestaba a Joaquín Sorolla, a quien tachaban de pintor oficialista, comercial y sin carácter. A este respecto transcribió un comentario que le había hecho el valenciano hacía años:
"A mi me dijo un día: Esta pintura que hago yo me ha hecho rico, y si ahora sintiera veleidades de evolucionar, no evolucionaría".

Las verosimiltud de sus juicios crece con el hecho de que los aislaba de viejos agravios. En 1945 hizo las siguientes afirmaciones acerca de Azorín, el amigo de juventud de quien se alejó cuando este último pasó de anarquista a conservador:
"Fue la única persona generosa con los demás escritores de su tiempo... la mayoría de los periodistas pintaban por entonces a Azorín, que ha sido siempre un cándido, como un hombre atravesado ¡Qué mixtificación más cómica del reino de la mentira literaria!".

Pero ese afecto no le impedía la crítica de su estilo:
"...es muy poco novelista. No le gusta el misterio ni lo dramático, huye de todo ello, y parece que su ideal es lo estático y la desilusión de la vida ante una luz clara".

Don Pío Baroja no dejó de tener las naturales rivalidades profesionales propias de todo creador. La aceptación de las novelas de Baroja, que consiguió vivir de la literatura, sin cargo de funcionario y con escasas colaboraciones periodísticas, no dejaba de ser modesta si se la compara a las de Vicente Blasco Ibáñez, que se hizo rico vendiendo libros. En 1945, Baroja opinó lo siguiente del valenciano:
"Evidentemente es un buen novelista; sabe componer, escribe claro; pero para mi es aburrido; es un conjunto de perfecciones vulgares que a mi me ahoga. Tiene las opiniones de todo el mundo, los gustos de todo el mundo. Yo, a la larga, no lo puedo soportar".

Baroja conoció a Valle Inclán desde joven, manteniendo con él numerosas disputas. Hombre comedido en las formas, Baroja opinó acerca de los frecuentes altercados protagonizados por el dramaturgo: 
"...era un hombre que tenía salvoconducto para hacer lo que le diera la gana".
También consideraba que de alguna manera exageraba su bohemia frente a los demás:
"...tenía una serie de ambiciones completamente corrientes y burguesas: el entusiasmo aristocrático y el de la gloria que en él a la gente le parecía muy bien".

Tampoco apreciaba a Miguel de Unamuno, compañero de generación, cuya forma de ser asociaba a la de Valle -Inclán:
"Unamuno era hombre clásico de tertulia de Ateneo, como se dan muchos en España. También lo era Valle - Inclán y otros de menos importancia. A estos hombres se les da un crédito ilimitado y se les autoriza todo...".
Criticaba la pretensión que tenía Don Miguel de dominar todos los asuntos:
"Se creía todo. Era, sin proponérselo, filósofo, matemático, filólogo, naturalista, además de vidente y profeta". Eso lo convertiría en un tertuliano insufrible: (yo) "...no era partidario del sistema suyo de agarrar a cualquiera por su cuenta, de acogotarle, de atarle de pies y manos y de convertirle en un oyente mudo".

Entre los autores de la Generación del 14 con quien trató Baroja, destacó su relación con el filósofo Ortega y Gasset, con quien colaboró durante algún tiempo en las revistas España y la Revista de Occidente.

reunion

El grupo de los fundadores de la revista España. De izqda. a dcha. : Pérez de Ayala, Luis G. Bilbao, Ortega y Gasset, Pío Baroja y Azorín. De pie: Penagos, Juan Guixé, Luis de Zulueta, Luis Bello, doctor Pittaluga, el dibujante Fernando Marco y el editor José Ruiz Castillo.

En 1917, Baroja escribió de Ortega y Gasset: "es de los pocos españoles a quienes escucho con interés" debido a que aportaba buenas ideas y era el único filosofo potencial que había conocido personalmente; sin embargo, le criticó su tendencia ambiciosa y sus gestos autoritarios. Consideraba que escribía bien, pero Don Pío discrepaba de las opiniones políticas de Ortega, así como de sus gustos artísticos y musicales.

baroja-y-hemingwayHemingway visita a Baroja.Se cuenta que el escritor y periodista americano Ernest Hemingway visitó por sopresa, el día 9 de octubre de 1956, a Don Pío unos días antes de morir. El vasco, enfermo, cuando vió a Hemingway a los piés de su cama, exclamó:

- ¿Qué coño hace éste aquí?
- He venido a decirle que el Premio Nobel se lo merecía más usted que yo, incluso se lo merecían más Unamuno, Azorín o Don Antonio Machado.
- Bueno, basta, basta, -le dijo Don Pío- que como siga Ud. repartiendo el Premio así vamos a tocar a muy poco.

(Para Baroja, Hemingway era un hombretón, a menudo rodeado de prostitutas y repleto de dólares, persona poco seria y muy áspero en el trato).

Parece ser que Hemingway le regaló una bufanda, unos calcetines, una botella de whisky, y un libro con la siguiente dedicatoria:
"A usted, don Pío, que tanto nos enseñó a los jóvenes que queríamos ser escritores".

Pocos días después, Hemingway sería uno de los portadores del féretro de su admirado escritor.